Con que así estamos:
dos gotitas de vino, una palmadita en la cabeza,
abrigate bien los pies
y a dormir enseguida que mañana hay que salir de casa con
las primeras luces.
Todo es superficial,
pasa y te saluda de lejos con apenas un movimiento,
como a un viejo conocido.
Caminan a mi lado y vuelven a encontrarme gris,
y no me pregunten por qué miro hacia otro lado al primer
roce.
Todo es superficial,
estuve manteniéndome a flote bastante tiempo
antes de que se aparezcan con sus coronas y medallas de honor.
Me dicen que el problema está en mi cabeza.
Bueno, en mi cabeza está también el pan que devoran a la
mañana,
sus zapatos nuevos, el hambre en el mundo y toda sensación.
No se preocupen, acá ya queda poco por intentar,
los trenes ya no me esperan porque van a ningún lado
y en el mapa sólo aparece un hueco,
pero realmente sé a dónde dirigir la mirada en pendientes
tan pronunciadas
y si bien no sé el final, no soy yo quien avanza,
sino que son los días los que eligen desprenderse detrás de
mí,
y si bien soy yo quien los entierra,
ustedes me dieron la tierra,
y la culpa,
y ahora se quejan.
Todo es epidérmico. Y a dormir que mañana madrugamos.
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