Quiero lugar, no quiero verte a cada segundo, nunca me gustó pero tengo estos atisbos de mujer independiente, como si fuera poseída por una de esas madrazas negras de antaño, con sus caderas anchas y sus pañuelos en la cabeza. Y no lo veo mal eh, sólo que no lo conozco, es nuevo, no se cuánto se puede mantener.
Trato de hacerme un collage, la peor imagen juntando pedacitos que detesto: tus compañías indeseadas, escucharte gritar en el colectivo contándome de algún jueguito o vaya a saber qué y yo tengo que abrir la ventana porque tu aliento me ahoga y querés besarme y a mi me asquea, mais non!
Ne me quitte pas, ne me quitte pas, ne me quitte pas.
Subo al 47 para llegar a Chacarita, no se por qué pero los días en que hay sol desearía que viaje para siempre, subo y me siento en el fondo, y llega el reflejo del sol en el resto de la gente: dos señoras con perlas hablando de gatos (porque ser menos que un prototipo está MAL), gente joven, en el primer asiento un señor calvo que va repiqueteando los dedos sobre el caño, una chica que mira con cara fruncida hacia todos lados. Llegamos finalmente al geriátrico, calles anchas, verde, sol, y luego al psiquiátrico, con sus dibujos tan surrealistas (no entiendo muy bien eso de poner dibujos incoherentes fuera de un hospital mental, es decir, es la mejor idea que al salir alguien que ha sido "rehabilitado" halle estos dibujos?).
El geriátrico, el psiquiátrico y luego el cementerio, como esas paradas ineludibles del fin de la vida -o el comienzo de vaya a saber qué.
Y el sol. El señor repiquetea los dedos aún, yo tengo fija la imagen ante los ojos de tu cara. Pero me bajo igual. Siento el sol en la espalda, comienzo a caminar hacia la escalera que me lleva a lo oscuro, a ese lugar sin aire, sin luz, sin este sol, y me arrastro bajo tierra. Camino. Y te extraño.
Noviembre, 2014
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