Me desgarraron los veinte poemas.
Me quedé solamente
con una canción desesperada,
pero mis dientes no querían dejarla pasar.
Delimité espacios a lo largo de mi cuerpo,
creé una imagen “apta para todo público”,
e incluso llegué a guardar ideas en
inalcanzables arcas.
Anduve vagando por cornisas
tambaleándome al borde de los abismos
con los pies lastimados (pero sin sangre),
con la desesperación resistiendo adentro,
mientras lo único que impulsaba a seguir mi
mortuorio paseo
era la posibilidad de elegir la caída.
No se puede estar así.
Es decir,
no se debería poder estar así,
con días alargados en la nada
donde sólo importan el filtro del café,
no quedarse sin cigarrillos
y alguna película en blanco y negro.
Qué ironía,
está todo tan estancado,
hay tanto olor a podrido en mis ojos…
Pero está ese remolino,
esa vorágine de oscuridad
que atrae, que seduce,
que hace chirriar los dientes de tanto
apretarlos
para mantenerse inmóvil en el precipicio.
bruxismo mode on
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