Lo único que quería
era un poco mas de brisa.
Está toda mi vida en mi propia espalda.
Veo la tormenta en el patio,
las nubes oscuras cargadas de suelo y sudor
arremolinadas por esas ráfagas frías y solitarias,
los árboles, los débiles árboles
se dejan a merced del blanco e impío viento,
y las casas se ven tan tristes y tan ajenas desde mi lugar,
y, por dios! no hablemos de los campos llenos de frutos
inalcanzables.
La madera rechina.
Los vidrios flojos golpean.
Siempre alabé la vuelta de página,
ahora que no se lo que estoy haciendo y no puedo detenerme a
pensar,
tengo mis manos contra los vidrios, la madera cede,
las persianas golpean pidiendo permiso para traer ese cielo
revoltoso
de este lado de la ventana,
las manos sangran,
los pies se resbalan en el suelo próximo a evaporarse,
siempre pedí un poco mas de brisa, pero, esta tormenta?
Nunca pedí todo esto.
Mis manos están cansadas.
Nunca pedí esto, o quizás esto es todo lo que hay del otro
lado,
o la tormenta sea pasajera,
o tal vez algo de fe podría hacerme bien.
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